LA VIDA REGRESÓ MÁS RÁPIDO DE LO ESPERADO LUEGO DEL IMPACTO EN CHICXULUB

 

  • Luego de la llegada del bólido que terminó con los dinosaurios, la vida regresó a la zona de impacto, recuperándose en aproximadamente 30 mil años, revela estudio publicado en la revista Nature.
  • Análisis de muestras de rocas colectadas en el sitio de impacto revelan la presencia de foraminiferos y nanoalgas, que indican el regreso de microorganismos en la zona.

Hace 66 millones de años, en unos cuantos segundos, la llegada de un asteroide cambió la historia del planeta, llevando a una extinción masiva del 76% de la vida en la Tierra, incluido el grupo de reptiles que dominaba los continentes -los dinosaurios-. La vida, en lo que hoy se conoce como el cráter Chicxulub, en la península de Yucatán,
literalmente se esfumó.

Un estudio en rocas de la zona de impacto, colectadas por un grupo internacional en que participan los investigadores de la UNAM, sugiere que la vida se recuperó más rápidamente de lo que se pensaba, es decir, unos 30 mil años, comentan Jaime Urrutia Fucugauchi y Ligia Pérez-Cruz, especialistas del Instituto de Geofísica (IGf) de esta casa de estudios y líderes de la investigación.

En 2013, el buque oceanográfico “Justo Sierra” de la UNAM navegó sobre al plataforma marina de Yucatán, para realizar una serie de estudios geofísicos y geotécnicos y definir los sitios de perforación ídoneos en el sector central del cráter. El trabajo, presentado en la revista Nature, fue realizado con el análisis de muestras tomadas durante el proyecto de perforación marina de la Expedición 364 del Programa Internacional de Descubrimientos en los Oceános (IODP por sus siglas en inglés). Este proyecto de perforación es el más reciente realizado en Chicxulub. Cabe destacar que el inicio de la perforaciones en la plataforma de Yucatán, en la zona del cráter, se inició en México
a principios de los 90´s, por un grupo lidereado por el Dr. Urrutia, para el cual recibieron apoyo de Fundación UNAM, con lo que obtuvo una serie de muestras de roca del sitio que sufrió más daños debido a la llegada del bólido a finales del Cretácico.

El impacto, explicó Urrutia Fucugauchi, generó altas temperaturas y presiones con la formación de un cráter del tipo complejo multianillo con un diámetro de alrededor de 200 km en la zona de Yucatán. Los efectos del impacto afectaron los sistemas de soporte de vida en el planeta causando una extinción masiva. La intensidad de los efectos
del impacto varía, con zonas con mayor o menor afectación, por lo que existe un gran interés en saber qué pasó en la zona del impacto.

“Los primeros resultados indican que la recuperación de la vida fue en un periodo muy corto, en tiempo geológico, alrededor de unos 30 mil años. Todos esperábamos que este tiempo fuera mayor, pues por la colisión del meteorito los cambios ambientales fueron drásticos, con temperaturas altísimas, grandes cantidades de polvo suspendidas en la atmósfera, inhibición de la fotosíntesis, liberación de gases tóxicos, lluvia ácida, acidificación de los océanos, realmente fue una zona afectada”, precisó Pérez-Cruz.

 

Las núcleos de perforación fueron analizados inicialmente en el centro de investigaciones marinas MARUM de la Universidad de Bremen, Alemania. Como parte de los estudios iniciales, muestras de los núcleos están siendo estudiadas por los diferentes grupos participantes en el proyecto. Las muestras del grupo de UNAM se analizan en las instalaciones de los Laboratorios de Paleoceanografía y de Análisis de Núcleos, del Programa Universitario de Perforaciones en Continentes y Océanos. Estas muestras representan un libro completo que ha sido abierto por los científicos y comienza a revelar los secretos de lo ocurrido antes, durante y luego de la llegada del bólido a Chicxulub.
En las rocas lo que han encontrado los especialistas es una serie de microorganismos marinos, llamados foraminíferos, similares a las conchas marinas, y nanoalgas calcáreas, que gracias a las condiciones de circulación oceánica pudieron ocupar esos espacios y, posteriormente diversificarse y evolucionar.

“Lo que estos microorganismos nos dicen, y es lo que estamos analizando en el artículo, es cómo la productividad marina se recuperó en este ambiente afectado por el impacto”, añadió Pérez-Cruz.

Urrutia Fucugauchi enfatizó que las poblaciones de microoganismos marinos fueron los que sufrieron las tasas de pérdida más altas, pues se considera que la parte marina fue la que más se vio afectada, ya que se calcula que más del 90 por ciento de los foraminíferos se extinguió, por lo que las especies reportadas ahora son muy distintas a
las que estaban.

Los microfósiles documentados, que pertenecen a un grupo de microorganismos que existe aún hoy en día en la superficie del agua y en los sedimentos marinos, son evidencia de otras formas de vida microscópicas llegaron al cráter luego del impacto y sirven como una referencia para reconstrucciones ambientales o control de edad.

“Esto abre una serie de preguntas porque ahora hay que revisar si fueron las condiciones locales las que permitieron la recuperación, qué variaciones existen en la parte del cráter y cómo fue la evolución del sistema para poderlo comparar con otras zonas para revisar los patrones de evolución”, consideró Urrutia Fucugauchi.

“Habrá que continuar investigando lo que indican otros microfósiles, complementar el modelo de edad, definir con mayor precisión las tasas de sedimentación dentro un contexto regional del Golfo de México – todavía hay mucho por hacer”, precisó Pérez-Cruz.

En un inicio las investigaciones se enfocaron a analizar los efectos del impacto, los grupos afectados y los mecanismos de extinción.

Posteriormente, las investigaciones se han ampliado, analizando las especies sobrevivientes, extinciones secundarias, efectos en los ecosistemas y en la diversificación. En estos estudios, los análisis de los efectos en tiempo y espacio son críticos para entender las relaciones, causa-efecto, afectaciones globales, regionales y locales.

Los resultados permiten entender las cusas y efectos de las extinciones en la extinción masiva del fin del Mesozoico y son de interés en el estudio de otras extinciones masivas, incluyendo las extinciones actuales asociadas a la actividad antropogénica.

Los resultados de las investigaciones, además de otros análisis realizados por los 32 investigadores de los 17 países que integran el proyecto, serán presentados la próxima semana del 3 al 9 de junio en la reunión internacional en Mérida, Yucatán, en donde asistirán más de 60 especialistas.

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